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lunes, 28 de octubre de 2013

Skopje

Drágana vive en el barrio Aeródromo, a pocos minutos del centro de Skopje. Hasta allá vamos caminando con Marija ─su compañera de apartamento─, bordeando el Río Vardar. Estamos a fines de octubre pero la temperatura durante el día alcanza los veinticinco grados. Junto al río hay una ramblita para peatones y bicicletas. El agua parece limpia, aunque Marija me aclara que varias industrias químicas vierten sus desechos en ella. Más adelante veo las chimeneas, también los ranchos de chapa de los gitanos.

Es difícil hablar de la ciudad sin hacer mención al plan Skopje 2014, un proyecto de remodelación de espacios públicos impulsado por el gobierno que incluye la construcción de varios museos ─como el Museo de la lucha de Macedonia y el Museo Nacional de Arqueología─, varios monumentos ─entre los que destaca el Monumento Guerrero a Caballo, que representa a Alejandro Magno─, galerías de personalidades macedonias de la antigüedad y de la época contemporánea, y hasta un Arco del Triunfo. La búsqueda de una identidad nacional macedonia se ve reflejada en este esfuerzo, así como en las disputas con Grecia por el nombre de país ─formalmente y en virtud de un acuerdo alcanzado en 1995, el nombre es Ex República Yugoslava de Macedonia─ y por la figura de Alejandro Magno.

Uno de los lugares más pintorescos de Skopje es el Old Bazar, donde destaca la arquitectura del período otomano. Al cruzar el antiguo puente de piedra que lleva a esa zona de la ciudad, se hace evidente la presencia de musulmanes albaneses: Skopje se encuentra virtualmente dividida en dos, a ambas márgenes del Río Vardar, con mayoría de macedonios del lado moderno y de albaneses del lado antiguo.

Lo mejor de Skopje fue vivir con Drágana, Marija y Bale. Ellas son del interior del país y comparten apartamento mientras terminan sus respectivas carreras. Bale se queda dos por tres a dormir. Tiene todo su equipaje en el auto, busca casa, busca el rumbo. El desayuno es café negro y fideos a eso de las doce. La cena es a las siete, home made o delivery. Entre medio se fuma, estudia y juega tabla.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Sur, Ohrid y después...?


Ayer jugó Uruguay contra Argentina por las eliminatorias y pude haber visto el partido con un porteño muy macanudo y gran viajero que conocí en el hostel, pero era tarde, o no me animé, no se. Y me lo vine a encontrar justo aquí, en esta preciosa ciudad junto a uno de los lagos más antiguos del mundo, de aguas límpidas, rodeado de sierras ─o de montañas, pero parecen sierras─ boscosas, con árboles de hojas multicolores, con una rambla por donde caminar a paso lento y bancos donde sentarse a tomar mate. Nostalgias del paisito.

Cada vez que me preguntan qué lugar me ha gustado más de todos los que he visitado en este viaje, contesto que me es difícil elegir. Pero creo que a partir de ayer, ese lugar es Ohrid. Calles empedradas, casas con techos de tejas, antiguas iglesias, restaurantes de comida macedonia e italiana, pescadores, un pequeño puerto para embarcaciones de recreo, el sol reflejándose en el lago de aguas mansas y cristalinas. Sin estridencias ni extravagancias, la arquitectura es armónica. A nadie se le ha ocurrido arruinar la ciudad con una torre. El clima es moderado, aún hace calor por las tardes y el frío de la noche es soportable. Claro que todo esto lo podríamos encontrar en muchos lugares a lo largo y ancho del mundo, pero Ohrid tiene una atmósfera especial, verdeazulada, brillante y profunda como su lago.

Antes estuve en Vítola ─la segunda ciudad del país─ y en Skopje, la capital ─ya tendré tiempo de escribir sobre ella─. Pero no quiero avanzar en los relatos sin compartir primero un comentario de mi hermana Analía: Propongo que podamos votar por el siguiente destino; sería como transformarlo en un libro multiaventura, o algo así... Bueno, es requisito fundamental que mis tímidos lectores se expresen al respecto, ya sea dejando un comentario en la entrada o enviándome un mail. Si alguien se anima, pido que la sugerencia esté justificada.

Desde Ohrid veo tres posibilidades: ir hacia Lazarat, en Albania, a visitar sus famosas plantaciones de marihuana; volver a Skopje y desde allí salir a recorrer el este de Macedonia junto con Drágana y sus amigos; ir a Plovdiv, en Bulgaria, a saludar a los chicos de The Crib y recuperar el mate que dejé olvidado tres meses atrás. Sur, Ohrid y después...?