miércoles, 22 de enero de 2014

Pomerania

Cuando aún estaba en Cracovia estudiando el mapa en busca de tierras más cálidas, Dorota descubrió que estaba en Polonia y me invitó a que visitara a su familia en el norte, cerca del Mar Báltico. Llama a Robert, mi primo─ insistió. Atravesé el país en doce horas y llegué a Koszalin a eso de las siete de la mañana. Robert me esperaba en la terminal. En su casa, su esposa Kasia y sus dos hijas ─Julia de doce años y Martina de nueve─ ya estaban prontas para comenzar con las actividades del día.

Robert y Kasia se tomaron unos días libres para mostrarme la Pomerania. Estuvimos en Mielno y Kolobrzeg, en el Mar Báltico; y en Torun, una ciudad medieval, cuna de Nicolás Copérnico, tan bella como Cracovia.

Robert es un anfitrión de lujo. Para cada día tenía planeada alguna actividad y también organizó el resto de mi estadía en el norte, para que conociera a toda la familia. Kasia es más reservada y se revela de a poco: una mujer bella e inteligente y una madre muy atenta. Las niñas andan siempre cerca: ambas me ayudan a preparar unos ñoquis, en especial Julia, quien demuestra tener buena mano para la cocina.

Martina colecciona monedas y se trajo de Torun una réplica de moneda antigua acuñada a la vista en la plaza principal. El último día, mientras armaba mi mochila, se acercó al cuarto y me dio un abrazo. Yo no sabía como retribuir el cariño que me habían brindado en esos días y ella me dio la oportunidad: le regalé monedas de Georgia, Armenia, Bulgaria, Albania y toda la Ex-Yugoslavia.

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