03/02/2010

Nido

En época de alumbramiento, los mamíferos se ocupan de buscar un sitio adecuado para recibir a sus crías. Así fue como encontré a Olivia haciendo nido dentro de una enorme bolsa con polifón picado. La noche anterior me desperté con el ruido de sus patas escarbando sobre un almohadón relleno de plumas.
Puse una caja y una manta en el hueco debajo de la escalera. El lugar parece gustarle. Llueve copiosamente, las aves se guarecen y las hembras dan a luz.

27/01/2010

The shape of my heart

Barajó el mazo y dispuso las cartas sobre la mesa de la cocina. Era de madrugada, en la calle reinaba el silencio y la radio -prendida desde la mañana- gimoteaba melodías en inglés. Estaba concentrada en uno de los tantos solitarios que había aprendido de su abuela Emilia. Las cartas se quitan de a pares, los de corazones y diamantes valen más que los de picas y tréboles -le había dicho.

Se preparó un café bien cargado. Estaba sonando una canción de Sting: subió el volumen y volvió a la mesa para evaluar el estado de la partida. Estiró por las puntas el mantelito donde descansaban las cartas. Era otra herencia de la abuela. Emilia, desde que enviudó, jugaba al solitario "para no pensar en la soledad, nena". The shape of my heart cimbraba el aire, las cartas tapadas eran más que las vistas y no quedaban ya casi pares por formar. El corazón es una pica -pensó-, una pica dada vuelta por el azar.

20/01/2010

Pueblo

La plaza del pueblo estaba desierta. Eran las 5 de la mañana, el coche bajó pasaje -una persona- y siguió su ruta. La mujer entró a la agencia para marcar el regreso. El olor a bizcochos calentitos la sacó del estado de somnolencia que cargaba junto con el bolso. El muchacho -que hacía las veces de panadero y agenciero- le ofreció asiento, pero ella prefirió esperar afuera. Llegó temprano el coche -le dijo. Se oía la música del baile no lejos de ahí.

En el rato que siguió, la plaza y su entorno se convirtieron en un lugar agitado: motos -con dos o más adolescentes trepados- y camionetas -con otros tantos muchachos en la caja- daban vueltas alrededor y paraban en la panadería. Los chicos se arremolinaban en la puerta con vasos de cerveza en una mano y pan con grasa en la otra. Cada uno por su lado, el policía y el marica del pueblo se hicieron presentes. Algunas parejitas se besaban en esta o aquella esquina. Ella, la mujer llegada hacía un rato, siguió la escena desde su discreto lugar en el escalón de la casa contigua, hasta que a las 6 llegó la camioneta del ingeniero a buscarla, dejando a los presentes renovados motivos de tertulia pueblerina.

10/01/2010

Escolhas

El Freedom era un bolichón de balneario, en esa parte del balneario a la que solo van los que andan cerca. Esa tardecita los parroquianos eran algunos habitantes del Camping Morrison y los pasajeros en tránsito de la casa de Marcio. En el vidrio de la ventana, alguien había escrito con prolija cursiva: voçe faz suas escolhas e suas escolhas fazem voçe. Lejos de sentirme intimidada por la misiva, me acerqué al mostrador de lata y pedí la carta. No había.

Y qué hay para tomar? Lo que Ud. quiera. Bueno, pero podría darme una idea... Mire, a veces tenemos cosas que ni nosotros sabemos que tenemos. Y cómo lo resolvemos? Diga qué quiere. Suco de murucuxi. Y esa qué fruta es? Y cómo sabe que es una fruta? Los sucos se hacen con frutas... Eso será por aquí, hay jugos que no son de frutas. No tengo de murucuxi. Y de abacaxi? Ese sí, le traigo. No, no, de murucujá tiene? También, cuál quiere entonces? De murucuxi. Ya le dije que no hay. Sabe qué, deme una cerveza.

30/12/2009

Witness

Se despertó con dolor de cabeza. Moviéndose con lentitud, giró el cuerpo sobre un costado y se incorporó para salir de la cama. Entraba luz a través de la cortina azul. Afuera había sol, maldito sol, quién quiere verlo. Desde la casa de arriba llegaban los ruidos propios del mediodía: vajilla, agua corriendo, cajones, noticias en la radio. Vio el vestidito sobre la mesa de luz.

Lejos de pensar en la noche anterior, pasó revista a un brindis de fin de año en un campamento poblado de luciérnagas. Recordó una media noche en la que se tomó un bus cualquiera para alejarse de un domador de leones cobardes. Y otras en las que se negó a lamer heridas ajenas. Puso a sonar por enésima vez un vestido y un amor.

23/12/2009

Miradas

Desde mi ventana se ve el balcón de hierro forjado de la casa de enfrente. Las figuras tienen forma de media luna, con una estrella en el medio. No se si llego a describirlas bien: podrían ser brazos levantados y curvados en torno a una cabeza -pequeña, hundida en medio de un saludo efusivo-. Son ocho en total. En el medio, la calle y el tránsito, es decir: mi casa, mi ventana, mi reja -horizontal, recta, minimalista-, la calle -el tránsito-, el balcón de hierro forjado, la casa de enfrente.

Cuando levanto la persiana cada mañana y miro hacia allí, siento que me saluda una multitud. Y de noche, en verano, abro la ventana para que el aire envuelva con mentirillas las cortinas e imagino que las ocho figuras se quedan despiertas hasta que apago la luz.

05/12/2009

Corpiño

Detrás del vidrio, el maniquí llevaba un corpiño con corazones. El estampado me llamó la atención por lo cursi y quizás esa fuera la razón de que me entretuviese en ellos más de la cuenta. Estaban bordados con canutillos, por lo que literalmente se salían del pecho de la modelo, en un claro contraste con su rostro inexpresivo.

Pensé en esas situaciones en las que nos comportamos como muñecos y muñecas de vitrina, entregados a la emoción de querer ser únicos entre la pequeña multitud que transitoriamente nos acoge. Y en esas otras en las que solamente deseamos quitarnos los zapatos y caminar descalzos sobre las brasas. De pronto me merecieron un gran respeto esos corazones expuestos, hablando a los gritos desde el mismísimo lugar en el que todo sucede.